Según la RAE la definición de creatividad es: “Capacidad o facilidad para inventar o crear”.

Todos los seres humanos nacemos con esta capacidad. ¿Quién no se acuerda de lo fácil que era cuando éramos pequeños jugar con un muñeco que no hacía nada? Hacíamos que llorara, sabíamos cuando necesitaba un cambio de pañal… y según nos vamos haciendo mayores ¿qué ocurre? ¿Por qué no podemos seguir con esa capacidad de inventar o crear?

Este aspecto se puede trabajar o se puede enterrar, pero ¿qué es lo correcto? Pues debemos imaginarnos que sin la creatividad habría muchos menos inventos, a los seres humanos nos costaría mucho más buscar soluciones a los problemas de la vida cotidiana porque no tendríamos la capacidad de inventar o crear las situaciones que nos hagan salir airosos de ellos.

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¿Cuándo debemos darle importancia a la creatividad? Justamente desde el mismo momento en el que nacemos. Cuando un bebé está comenzando a moverse y empieza a explorar el mundo en el suelo se topa con diversos obstáculos que dificultan su avance o consecución del objetivo y, es desde ese momento, cuando debemos ayudarle a buscar una solución. Pero no deberíamos cometer el error de dárselo hecho. Esto es como la diferencia entre dar peces o enseñar a pescar. Lo ideal para que el niño ejercite esa creatividad es proporcionarle los elementos para que consiga su objetivo, pero dándole rienda suelta a su imaginación para que sea él quien lo consiga. En el entorno educativo una situación similar podría ser proporcionar al niño los materiales y el ambiente propicio para la consecución del aprendizaje, en lugar de utilizar fichas o ejercicios sin atender a su momento evolutivo.. Propiciar el aprendizaje en lugar de decirle qué tiene que aprender.

Cada día es más fácil ver juguetes que tienen todos los accesorios habidos y por haber. Juguetes que proporcionan todos los estímulos posibles y que nos dejan poco margen de imaginación. Pero gracias a las metodologías alternativas somos conocedores de la importancia que adquiere la creatividad y, sin darnos cuenta, limitamos a los niños a que el juego lo dirija el juguete y no ellos mismos.


No es sencillo, pero es importante que nos demos cuenta y que trabajemos conjuntamente para conseguir que la creatividad guíe el juego, porque nuestra imaginación es única y tan importante es poder pintar un cielo naranja, como poder imaginarnos en una playa paradisíaca para escapar, aunque sea por un ratito, del estrés del trabajo.

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