La poca dedicación de los padres, la falta de unos límites fijados son algunos de los motivos que fomentan el llamado “síndrome del niño tirano” o “síndrome del emperador”.

¿Qué es el síndrome del niño emperador?

Los psicólogos indican que cada vez es más frecuente que en el ámbito familiar sean los niños los que elijan qué cadena ver en la televisión, qué comida quieren comer o incluso a qué hora ir a dormir.

Esto es lo que en el ámbito profesional se denomina trastorno negativista desafiante o más comúnmente conocido como “síndrome del niño tirano” o “síndrome del emperador”

Los investigadores indican que el trastorno de oposición desafiante afecta a un 20% de los niños de entre cinco y diez años de edad.

Algunos de los síntomas que podemos observar son: el niño no obedece a nuestras órdenes (las de los adultos) e incluso tiene cierta tendencia a discutir con nosotros, tiene poca paciencia y poca tolerancia a la frustración y suele ser vengativo.

En algunos casos también pueden manifestar incluso signos de violencia hacia sus progenitores, para conseguir que obedezcan y cumplan con sus deseos.

Si observamos la evolución natural del niño, hasta el año de edad, los progenitores están exclusivamente para satisfacer sus necesidades. A partir del año y medio el niño comienza una etapa normal de rabietas que debemos comprender, acompañar y ayudar a encontrar una solución.

Conforme va avanzando en edad, sobre los cuatro años, lo normal es que el niño sea capaz de verbalizar su rabia y que intenten imponer de manera sistemática su voluntad. Los niños tiranos suelen ser agresivos, con constantes rabietas descontroladas e incomprensibles. Y a los cinco años deberían haber aprendido a comunicarse para evitar estos momentos de agresividad.

El principal problema es que los padres acaban por ceder con tal de lograr la tan ansiada paz y tranquilidad en casa.

Factores que favorecen la aparición del temido Emperador en casa

Los expertos en la materia concluyen que uno de los factores que pueden favorecer esta conducta en los niños es la falta de tiempo de los padres para educar a los hijos.

Unos padres ausentes la mayoría del tiempo que no dudan en proveer a sus hijos de todos los caprichos a su disposición para poder paliar así la falta de dedicación por motivos principalmente laborales. (Te aconsejamos una lectura a otro de nuestros artículos sobre el aburrimiento en los niños)

Esta situación desemboca en una actitud ultrapermisiva con los niños, dando lugar a otro de los factores: la falta de límites y normas establecidas.

Queremos ser amigos de nuestros hijos y los padres debemos ser coherentes a la hora de poner reglas y límites a nuestros hijos en el entorno del hogar y ejercer la autoridad, de forma sana y adecuándose a las necesidades educativas y evolutivas de cada niño.

No está todo perdido

Y es que debemos permitir a los niños experimentar cierto grado de frustración para que comprendan que el mundo no gira en torno a ellos. El niño necesita, desde que tiene más o menos un año, rutinas y normas, sencillos y claros sobre lo que debe y no debe hacer.

Intentar complacer siempre a los niños y evitar que se sientan frustrados ante cualquier situación no favorece su desarrollo, ya que cuando sean adultos deberán enfrentarse tanto al éxito como al fracaso.

Los niños tienen que comprender que existen normas que debemos cumplir y reglas que seguir. Y su incumplimiento tendrá consecuencias, así como a plantear la duda de esas normas desde el respeto para conseguir en el futuro una sociedad que luche por el bienestar pero con una base sólida de pensamiento.

La conducta permisiva se manifiesta al ceder ante cualquier requerimiento del niño, de modo que siempre consigue lo que quiere y nunca se enfrenta a situaciones negativas o frustrantes.

Ante la frustración, hay que enseñar a los niños formas positivas de hacer frente a estos sentimientos, enseñarles técnicas de relajación, enseñarles a identificar ese sentimiento de frustración cuando aparezca y enseñar al niño a pedir ayuda cuando la necesite.

Cuando el niño se enfade, grite o patalee, no debemos ir inmediatamente a satisfacer sus exigencias. De esta forma aceptará que no siempre lleva la razón y tendrá que buscar la solución adecuada ante las situaciones difíciles.

El reconocido psicólogo Vicente Garrido, comenta que, como educadores, debemos fomentar el desarrollo de la inteligencia emocional y la conciencia de los niños, enseñarles a cultivar habilidades no violentas (tolerancia cero ante cualquier tipo de violencia) y establecer unos límites claros a nuestros hijos.

Por último, debemos favorecer siempre una comunicación sin gritos, insultos, ni amenazas. Respetando siempre los turnos de palabra y animándole a que te cuente cómo se siente.

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