Usando la pedagogía de la luz conseguiremos momentos de relajación con los niños que nos harán olvidar el estrés que supone nuestra rutina diaria.

En casa, conseguir que los niños madruguen, hacer que se vistan solos, lograr que desayunen, asegurarnos de que se cepillen los dientes o de que lleven todo lo necesario para el colegio y que salgamos de casa todos a la hora justa para llegar a todo y con todos.

En el aula, lograr su atención, controlar sus berrinches, conseguir que se centren en las actividades y que disfruten de las mismas, son sólo algunas de las tareas que pueden llevarnos a un nivel de estrés en nuestras aulas.

¿Alguien se reconoce en esta escena? David Anderson, terapeuta y director del Child Mind Institute de Nueva York, afirma que casi todas las familias con hijos pequeños se enfrentan al estrés matutino, nosotros podríamos extenderlo no sólo a las familias con hijos pequeños sino también a los profesionales que trabajan con los pequeños.

Con tan intenso ritmo es difícil encontrar un momento para la calma en la rutina diaria.

Es cierto que hay algunos aspectos que podemos trabajar con antelación para que nos ayude en las tareas matutinas. Por ejemplo, podemos preparar la ropa o todo lo necesario para el día siguiente si nos referimos a nuestras casas. Y preparar las actividades más novedosas y que llamen la atención de los más pequeños cuando nos referimos a nuestras aulas.


Aún así, aunque lo intentemos, la rutina y su ritmo trepidante nos termina atrapando, por ello os proponemos que, si no podemos encontrar la calma al comienzo del día, intentemos buscarla en cualquier momento.

¿Cómo? Pues utilizando recursos atractivos que nos ayuden no solo a calmarnos de ese estrés y ritmo de día y vida que llevamos y que finalmente transmitimos a los pequeños, sino que además ayude a la concentración que repercutirá en el futuro tanto vital como académico de los niños: la pedagogía de la luz.

¿Qué nos aportan las actividades de luz?

Las actividades de luz son una gran fuente de relajación para los niños, debido al modo de realización de estas actividades.

En la mayoría de los casos, al realizar estas actividades, nos encontramos con una sala oscura donde nuestra atención la capta única y exclusivamente el objeto de luz que estemos utilizando (puede ser la mesa de luz, el retroproyector, linternas, leds…). La falta de estímulos externos hace que el ambiente sea mucho más relajado frente a otras actividades que podamos ofrecer.

Trabajar con las manos y observar los colores, así como sus transiciones lentas, nos hace liberar tensiones, calmar el nerviosismo y liberar el estrés, teniendo un poderoso efecto calmante y terapéutico.

Los niños obtienen beneficios concretos al aprovechar el ambiente que se crea con las actividades de la luz. Estos beneficios son muy necesarios, sobre todo cuando el niño se haga mayor. Además de la relajación que hemos mencionado, se favorece el enfoque, la atención, la paciencia y la concentración.

Si nos fijamos en estas cualidades sabremos que son esenciales cuando nuestros alumnos o hijos van creciendo y continúan estudiando, pues necesitan de estas capacidades para obtener momentos productivos de estudio y de aprendizaje.

¿Cómo conseguimos esto con la pedagogía de la luz?

Gracias a que la luz ayuda al niño a centrar la mirada y las manos en aquello que está manipulando, lo que motiva que se concentre y culmine la actividad con mayor éxito frente a otras actividades cuyo ambiente no propicie esa concentración y relajación.

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Cartel Pedagogía de la Luz

Solo debemos tener un pequeño espacio oscurecido o que se pueda oscurecer, y encontrar un ratito que compartir con los niños. Podemos disfrutar de una manipulación de arena en una bandeja, o de un cuento con figuras de celofán de colores, o incluso tumbarse en el suelo con unas linternas y crear líneas imaginarias…estos son solo algunos ejemplos que podemos poner en práctica para buscar la calma y la relajación en casa o en el aula.

Es cierto que las mañanas y las rutinas podrán ser rápidas, alocadas y parecer que no llegamos a todo, pero si tenemos un segundo y nos paramos a pensar en ese momento que tendremos juntos… el día ya tendrá otro ritmo y color.

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