Desde que nuestros padres eligen un centro educativo y nos acompañan a ese lugar, donde maestros y educadores imparten la enseñanza programada, nos convertimos en alumnos. A partir de ese momento quedamos a merced de nuestro profesor y aprenderemos -más o menos- según sus métodos de enseñanza.

En ocasiones, ni los profesores ni los padres, dan la importancia que se merece a la manera de enseñar. Y es en este aspecto donde cada día emergen más inconformistas dentro de la profesión de educar, debido a que tenemos la sensación de que estamos perdiendo de vista lo que de verdad importa: los alumnos.

Los alumnos son nuestros futuros médicos, abogados, maestros y hasta políticos, si les educamos como siempre se ha hecho obtendremos lo que siempre hemos tenido. Profesiones obsoletas con adultos que hacen lo que todos sin pararse a pensar en si se puede hacer mejor.

Es cierto que el ser humano necesita límites, normas y razonamientos que regulen nuestros comportamientos, pero éstos pueden propiciarse al mismo tiempo que trabajamos e inculcamos un espíritu crítico y momentos de decisión.

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En educación infantil también podemos trabajarlo, por ejemplo los niños y niñas pueden decidir sobre que ropa ponerse, sin que eso suponga que perdemos el control, de este modo también favorecemos su autonomía. Pero seguro que os preguntaréis ¿y si va ridículamente vestido? Para evitar este tipo de situaciones debemos tener clara la situación. En este caso queremos que tomen sus propias decisiones sin que se vea afectada su capacidad de decisión. Para ello podemos evitar ciertas combinaciones quitando de su alcance aquellas prendas que no queremos que se pongan en ciertos momentos, por ejemplo tirantes en invierno y camisas de franela en verano.

Éste es un ejemplo de cómo desde lo más básico se puede trabajar ese espíritu crítico y esa capacidad de decisión, pero a nivel educativo va más allá. Actualmente el sistema educativo se basa en memorizar y no importa tanto el hecho de comprender. Después de todo lo expuesto está claro que es imprescindible que los padres nos interesemos por buscar un proyecto educativo donde prime más el cómo nuestros hijos aprendan y no sólo el qué.

Desde numerosas escuelas infantiles se están comenzando a dar estos cambios, escuelas que se preocupan por cómo estamos haciendo llegar estos conocimientos a nuestros pequeños y la importancia que eso conlleva. Sería maravilloso que las familias siguieran apoyando estos cambios para que éstos se produzcan a gran escala y en todas las etapas educativas (no sólo en infantil y primaria). Ojalá que cuando nuestros pequeños ya no lo sean tanto y aterricen en la universidad puedan disfrutar de un entorno donde de verdad estén APRENDIENDO y que la importancia de cómo lo hagan tenga tanto valor como el qué.

De este modo y gracias al trabajo conjunto de familias y profesionales conseguiremos construir un sistema educativo de calidad, donde será cada vez más fácil elegir la escuela, el colegio o la universidad de nuestros hijos con la tranquilidad de que le darán la misma importancia a la creatividad, a la educación respetuosa, a la libertad y a la educación emocional y en valores.

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